Cristian Domínguez
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Qué pasa si no le haces mantenimiento a tu web (spoiler: nada… hasta que pasa)

El mantenimiento web tiene un problema gordo de marketing: cuando se hace bien, parece que no pasa nada. Y como «no pasa nada», mucha gente decide que no hace falta.

Hasta que pasa.

Y cuando pasa, suele ser un viernes por la tarde, en plena campaña o justo el día que ese cliente importante decide entrar en tu web. La ley de Murphy no entiende de horarios comerciales.

¿Qué pasa si no le haces mantenimiento a tu web?

Al principio, nada. Y ese es el peligro.

Una web sin mantenimiento no explota de un día para otro (bueno, a veces sí, pero no es lo normal). Se va degradando poco a poco, como esa bici que dejaste en el trastero «para cuando haga bueno». Un día vas a cogerla y tiene las ruedas pinchadas, la cadena oxidada y una familia de arañas viviendo en el sillín.

Con tu web pasa lo mismo, solo que las arañas son bots buscando un plugin sin actualizar para colarse.

¿Qué es lo primero que se rompe en una web abandonada?

Después de muchos años mirando webs ajenas, te puedo decir que casi siempre falla lo mismo, y casi siempre en este orden:

  • Formularios que dejan de enviar. El más traicionero. La web se ve perfecta, pero los mensajes de tus clientes se pierden en el limbo. Tú pensando que «está flojo el mes» y resulta que te estaban escribiendo.
  • Velocidad que se degrada mes a mes. Imágenes sin optimizar, caché que nadie revisa, plugins que se acumulan. Tu web pasa de Usain Bolt a ciclista dominguero subiendo el Moncalvillo en agosto.
  • Plugins incompatibles tras una actualización que llevaba meses aplazada. Actualizas todo de golpe, algo choca y la web se queda en blanco.
  • Enlaces rotos y redirecciones olvidadas, que a Google le sientan igual de bien que a ti un plato de lentejas frías.
  • Brechas de seguridad. Y no, no hace falta ser Amazon para que te ataquen. Los bots no eligen víctimas, prueban puertas. Miles al día.

Ninguno de estos problemas aparece por arte de magia. Son el resultado de no mirar.

¿Por qué el mantenimiento parece que no sirve para nada?

Porque lo invisible sostiene lo visible. Actualizaciones, copias de seguridad, certificados SSL, dependencias, formularios, caché, redirecciones… Nadie aplaude eso en una reunión. Nadie te para por la calle para felicitarte por tus backups.

Pero sin todo eso, el diseño bonito que pagaste se convierte en una fachada de cartón piedra. Muy fotogénica, eso sí.

El mantenimiento web es como el seguro del coche: solo te acuerdas de él cuando lo necesitas. Y si no lo tienes, te acuerdas mucho más.

¿Mantener una web es «tocar por tocar»?

No. Y si alguien te cobra una cuota mensual por «tocar cosas» sin explicarte qué ha hecho, desconfía.

Un buen mantenimiento no consiste en cambiar cosas para justificar una factura. Consiste en prevenir, documentar y corregir con criterio. Y debería responder cada mes a tres preguntas muy sencillas:

  1. ¿Sigue segura? Actualizaciones al día, copias de seguridad que funcionan (de verdad, que alguien las ha restaurado alguna vez) y nada raro en los registros.
  2. ¿Sigue rápida? Que la velocidad de hoy no sea peor que la de hace tres meses.
  3. ¿Sigue haciendo su trabajo de negocio? Formularios, pagos, reservas, llamadas… lo que sea que tu web tenga que conseguir.

Si quieres el detalle técnico de qué incluye un mantenimiento y cuánto cuesta, en Treze Ideas lo tenemos explicado en la guía de mantenimiento web (con Gandalf y todo, no digo más).

¿Cuánto cuesta no hacer mantenimiento?

Aquí está la gracia: no hacerlo también cuesta. Solo que no te llega la factura a principio de mes, te llega de golpe.

A veces el coste es una tarde perdida intentando entender por qué la web se ve rara en el móvil. Otras veces es una web caída en plena campaña, clientes que no pudieron contactar o una restauración de emergencia con alguien que no conoce tu web y cobra urgencia (y con razón).

El famoso «ya lo miro yo cuando pueda» sale baratísimo… hasta el día que sale carísimo. Y encima se paga con estrés y con decisiones tomadas a la carrera, que nunca son las mejores.

¿Cómo sé si mi web necesita mantenimiento ya?

Hazte este test rápido. Si contestas «no lo sé» a dos o más preguntas, tienes deberes:

  • ¿Cuándo se actualizó tu web por última vez?
  • ¿Tienes copias de seguridad fuera del servidor? ¿Has probado alguna vez a restaurarlas?
  • ¿Has enviado un formulario de prueba este mes?
  • ¿Sabes cuánto tarda en cargar en un móvil normal, con datos y no con el wifi de la oficina?
  • ¿Quién tiene las claves del hosting y del dominio? (Si la respuesta es «el sobrino de un amigo que ya no me coge el teléfono», hablemos).

Entonces, ¿mi web es un archivo o un sistema vivo?

Si tu web genera contactos, ventas o reputación, no es un PDF colgado en internet. Es un sistema vivo. Y los sistemas vivos, o se cuidan, o se degradan.

No hace falta obsesionarse ni tocarla cada semana. Hace falta que alguien la mire con criterio, de forma regular, antes de que el problema te mire a ti.

Si quieres entender por qué una web bien cuidada acaba siendo una inversión y no un gasto, te dejo por aquí cuándo la web deja de ser un gasto y empieza a ser infraestructura.