Cristian Domínguez
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La motivación está sobrevalorada: el sistema que uso cuando no tengo ganas

No todos los días tienes ganas de trabajar. Y eso no es un problema. Es lo normal.

Las redes sociales están llenas de gente que se levanta a las cinco de la mañana, medita, hace deporte, se toma un batido verde y a las siete ya ha facturado más que tú en todo el mes. Si a ti a las siete lo único que te apetece es darle al botón de posponer la alarma, bienvenido al club de las personas normales.

¿Por qué depender de la motivación es una trampa?

Porque la motivación es como el wifi de un tren: cuando funciona es maravilloso, pero no puedes basar tu trabajo en ella.

Si solo avanzas cuando te apetece, tu progreso será irregular. Habrá días buenos en los que lo bordas, y demasiados días en los que no pasa nada. Y al final del mes, la suma da bastante menos de lo que esperabas.

Y lo peor: cuando no avanzas, te sientes mal. Cuando te sientes mal, tienes menos ganas. Y cuando tienes menos ganas, avanzas menos. Un bucle precioso.

¿Qué es un sistema de trabajo?

Es lo que te sostiene cuando las ganas se van de vacaciones.

La diferencia entre la gente que avanza y la que no, no está en las ganas. Está en tener un sistema simple que funcione incluso cuando no estás fino. Unas reglas mínimas que sigues sin pensar, igual que te lavas los dientes sin plantearte cada noche si te apetece.

La motivación te hace empezar. El sistema hace que sigas cuando la motivación ya se ha ido a tomar un café.

¿Cuál es mi sistema mínimo de productividad?

No es nada revolucionario. No tiene nombre en inglés ni lo vas a ver en un curso de 997 euros. Son tres cosas:

  1. Tres tareas clave al día. No diez, no veinte. Tres. Las que, si salen bien, hacen que el día haya merecido la pena.
  2. Bloques de foco sin interrupciones. Móvil lejos, notificaciones fuera, una cosa cada vez. Aunque sea una hora.
  3. Quitar distracciones antes de empezar, no durante. Es mucho más fácil no abrir Instagram si no tienes la pestaña abierta.

No es complejo. Es constante. Y la constancia, aunque sea aburrida, gana siempre a los arrebatos de inspiración.

¿Qué hago los días que no voy al 100 %?

Avanzar al 60 %.

Hay días en los que no estás. Has dormido mal, tienes la cabeza en otra parte o simplemente es lunes (que ya es motivo suficiente). Esos días no se trata de forzarte a rendir como el mejor día del año. Se trata de no parar del todo.

Haz las tareas fáciles. Ordena. Responde emails. Prepara lo de mañana. Avanzar al 60 % sigue siendo avanzar. Y es infinitamente mejor que el 0 %.

¿Cómo empiezo a crear mi propio sistema?

Empieza pequeño. Muy pequeño. Ridículamente pequeño si hace falta:

  • Elige una sola regla y cúmplela durante dos semanas.
  • Cuando ya no te cueste, añade otra.
  • Revisa cada semana qué funciona y qué no, y ajusta sin dramas.

El error más habitual es intentar cambiarlo todo el lunes. El miércoles ya lo has dejado. Nos ha pasado a todos (y a todos los gimnasios en enero).

Si quieres ver el sistema completo con bloques de energía y todo, lo cuento en productividad para emprendedores creativos. Y si tu problema es más bien que tienes demasiados frentes abiertos, mira cómo organizar tu negocio cuando tienes demasiadas ideas.

Entonces, ¿la motivación no sirve?

Sirve, claro. Es estupenda cuando aparece. Disfrútala. Pero no la esperes sentado.

La motivación viene y va. El sistema se queda. Y en el largo plazo, siempre gana el que sigue avanzando los días que no le apetece.